El actual seleccionador nacional, quien ya sabe lo que es estar en la cocina de un Mundial como asistente de José Pékerman, parece haber encontrado la fórmula para inyectar una dosis de ambición inédita en sus dirigidos. Su visión no solo apunta a competir, sino a transformar la mentalidad del futbolista colombiano desde la raíz.

En una charla íntima con el programa Los Informantes de Caracol Televisión, Lorenzo soltó la frase que todo un país quería escuchar, pero nadie se atrevía a exigir: «Hoy estoy con la cabeza en la Copa del Mundo. Llegar al último día, llegar a la final y ganarla si Dios quiere», sentenció el técnico nacido en Ciudad Celina. Para el argentino, el subcampeonato de la Copa América 2024 no fue un techo, sino el combustible necesario para entender que este grupo está para grandes gestas. Lorenzo no busca solo «regalar una alegría», sino instalar a Colombia en el Olimpo del fútbol mundial. Esta declaración marca un punto de no retorno en su gestión. Ya no se trata de clasificar con solvencia, sino de gestionar el hambre de gloria de un plantel que combina la experiencia de los veteranos con la rebeldía de los nuevos talentos.



Manejar un vestuario con estrellas que brillan en las ligas más potentes del mundo requiere más que táctica; requiere psicología. Lorenzo ha implementado un liderazgo basado en la empatía, pero con una jerarquía innegociable. Su regla de oro es proteger al jugador: «Cuando se pierde, yo doy la cara. Nunca se ve a un jugador en una conferencia de prensa tras una derrota, porque el responsable soy yo». Este pacto de lealtad ha generado que referentes como Luis Díaz y Jefferson Lerma se entreguen al 100%, sabiendo que su técnico es el primero en recibir las balas. Aunque se le ve sereno en la línea de banda, Lorenzo admitió que ha tenido que ponerse «bastante bravo» en momentos clave para mantener la disciplina. Su enfoque no es autoritario, sino de servicio al grupo, convenciendo a cada jugador de que el objetivo colectivo es superior a cualquier brillo individual.



Desde que asumió el mando el 2 de junio de 2022, el proceso de Lorenzo ha sido una máquina de sumar puntos. Con un rendimiento asombroso del 70,6%, el argentino ha logrado lo que muchos consideraban imposible: dotar a Colombia de una solidez defensiva sin sacrificar la alegría en el ataque. En sus 42 partidos dirigidos, solo ha mordido el polvo en cinco ocasiones, consolidando una base táctica que hoy es respetada por las potencias mundiales.