El Show de la Bola

UN INFORME DESTAPA EL ESCÁNDALO EN EL MARRUECOS-SENEGAL

A casi tres meses de la final de la Copa África, la corona continental sigue vacante. Dos campeones y ninguno al mismo tiempo. Un absurdo que difícilmente parece tener resolución, por lo menos en el medio plazo. Senegal ganó en el campo en una final que pasará a la historia por lo que pasó fuera del campo, y Marruecos lo hizo en los despachos. África no volverá a ser lo que era. 77 días después del pitido final en el Moulay Abdellah, el continente sigue en plena lucha judicial para conocer al campeón.

A 77 días de la final que paralizó casi al mundo, todavía no hay un campeón definido después de que el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS) aceptara el recurso de Senegal e invalidara la decisión de la propia CAF. Una decisión que parece estar lejos de ser tomada. Porque, y según desvela Le Monde, la final comenzó a jugarse días antes de que el árbitro del partido, el congoleño Jean-Jacques Ngambo Ndala, hiciera sonar el silbato para iniciar el juego.

Porque el primer problema no fue el que se vivió en el verde, el que paralizó el mundo tras anular un gol a los senegaleses y posteriormente concediera un penalti a los locales. La primera piedra en el camino de Senegal a la copa, según el rotativo, se vivió en su propio campamento base. A su llegada a Rabat, la federación mostró su “preocupación” por pasar del Fairmont, un hotel de “gran lujo” en Tánger, al Rihab, un complejo que ni siquiera estaba dentro de las recomendaciones de la propia CAF antes de iniciar el torneo. Finalmente, la propia organización les emplazó en el Amphitrite, a las afueras de la ciudad. Aceptaron de mala gana:

“Queremos dejar claro que, si no nos equivocamos, ni el Hotel Rihab ni el Amphitrite Rabat figuran en la lista oficial de campamentos base aprobada y comunicada inicialmente por la CAF, lo que plantea una duda legítima sobre el cumplimiento de las especificaciones de la competición”, escribió Abdoulaye Saydou Sow, Secretario General de la Federación Senegalesa de Fútbol, ​​a los funcionarios de la CAF.

La organización colocó a la selección dentro del futurista complejo Mohammed VI, el más moderno de la ciudad. Una decisión que no habría sido problema de no ser el mismo campo base de Marruecos. En otras palabras, la federación senegalesa mostró una clara preocupación por un potencial espionaje y “falta de confidencialidad táctica”. Es decir, jugar en desventaja.

El punto de inflexión llegó por la poca o nula seguridad que vivió la selección a su llegada a Rabat, donde la “actuación policial dejó que desear”, además del desequilibrio a la hora de la repartición de entradas. El 16 de enero Senegal se pronunció por primera vez para mostrar sus dudas y reticencias por la falta de claridad que estaban viviendo. “La idea era alertar al público de que algo andaba mal: todos habían sido advertidos“, explicó el secretario general Abdoulaye Saydou Sow a Le Monde.

El día de partido ocurrió lo inevitable, por lo menos a ojos de los propios senegaleses. Al gol anulado de Amara Diouf le siguió el penalti a lo panenka fallado por Brahim Díaz, no sin antes vivir ese momento histórico del que Marruecos quiere sacar tajada legal en el que casi toda la delegación senegalesa salió del campo a modo de protesta.

Según Le Monde, “Tarik Najem, Secretario General de la Federación Marroquí, señala un elemento grave: subraya que durante una reunión del comité ejecutivo de la CAF en Dar es Salaam (Tanzania) el 13 de febrero, el presidente del comité de árbitros de la Confederación, “Olivier Safari, reconoció que se habían dado instrucciones institucionales (durante la interrupción) al árbitro del partido para que no sancionara a los jugadores senegaleses con tarjeta amarilla (lo que habría resultado en la expulsión de dos jugadores senegaleses ya amonestados) ‘para preservar el partido’, a su regreso al terreno de juego”.

Marruecos exigió la resolución del partido como abandono, dando el choque a Senegal por perdido (3-0). Senegal, por su parte, se sigue negando. “En una rueda de prensa celebrada el 26 de marzo en París, en las oficinas de la agencia de comunicación francesa Image 7, los abogados de la federación senegalesa explicaron que la vista de apelación fue un desastre y duró apenas “unos minutos“. Tuvieron “la impresión de que la presidenta ya había tomado una decisión”. Tras las audiencias, “nos pusieron en una sala de espera y, dos horas después, los marroquíes nos llamaron para informarnos de que la sesión se había aplazado“, afirma Seydou Diagne, abogado de la federación senegalesa”.

Para Senegal, existe un visible choque de intereses en el jurado de apelación tras la inclusión del abogado Moez Nasri, presidente de la federación tunecina y contendiente en la última Copa África. “La federación cree que la participación de las Águilas de Cartago en la Copa Africana de Naciones hace incompatible la presencia de su líder en un órgano disciplinario, argumentando que no puede ser “juez y jurado”. Incluso el presidente de la CAF, Patrice Motsepe, expresó su sorpresa por la presencia del abogado:“¿Qué demonios es esto?”, exclamó en una conferencia de prensa el 29 de marzo, desacreditando aún más al jurado».

Las dos federaciones ven a un único culpable en este embrollo: la CAF por su “incompetencia” e “irresponsabilidad”. “Marruecos no estaba preparado perder; hicieron todo lo posible para asegurar su victoria. Dijimos que no”, respondió Abdoulaye Saydou Sow, secretario general de la federación senegalesa. La corona africana sigue sin dueño.

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